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Por: Lisandro Orlov
Evangelio: Juan 8, 31-36
Nunca es inocente el contexto en el cual se produce un texto ni
el contexto desde el cual se lee ese mismo texto. El Evangelio de
hoy se aplica a la celebración del inicio de la Reforma Protestante,
que forma parte de aquel movimiento extendido y deseado en el siglo
XVI por muchos fieles cristianos. El deseo de reformar la iglesia
en su cabeza y en sus miembros fue una aspiración que no
reconocía fronteras. Indudablemente esa es una tarea inconclusa,
que no debe terminar y que nos tiene que dar fortaleza para continuar
la acción cotidiana de purificar la comunidad cristiana de
sus debilidades, traiciones y complicidades. La iglesia siempre
ha necesitado y necesita ser reformada.
Este memorial de la acción emprendida por aquel ignoto fraile
agustino recoleto llamado Martín de la familia de los Lutero,
me encuentro regresando de la experiencia de la Consulta Regional
sobre el Acceso Universal a la Prevención, Tratamiento y
Cuidado en VIH de Hombres que tienen sexo con Hombres, de la población
trans en todas su diversidad organizado por el Centro Regional del
PNUD y ONUSIDA realizado en Panamá entre el 21 y 23 de octubre
del 2009. Esta experiencia me permitió constatar que personas
con profundas convicciones religiosas trabajan en todo las agencias
relacionadas con el sistema de Naciones Unidas, en los diversos
programas gubernamentales y en todas las organizaciones de la sociedad
civil. Muchos de ellos y ellas parecen ovejas sin pastor porque
les duele y les cuesta conciliar aquello que predican sus comunidades
de pertenencia y las propuestas del PNUD, de UNFPA, de UNICEF y
de ONUSIDA misma. A lo largo de todo el evento las luces y sombras
de las comunidades de fe han estado presentes. Esta situación
ha hecho más lamentable y urgente que representantes de las
comunidades de fe se hagan presentes en estos espacios porque es
necesario establecer un diálogo honesto y transparente con
aquellas poblaciones y personas que continúan siendo las
y los más vulnerables tanto al virus como al estigma y la
discriminación.
La comunión luterana y con ella todas y todos los cristianos
estamos desafiados a dar una respuesta en este sentido y fundamentar
en las Escrituras y en nuestra identidad confesional esa respuesta.
Y ella tiene mucho que ver con la forma en que comprendemos, leemos
y aplicamos las Escrituras y vivimos nuestra identidad confesional.
Detrás de la terrible situación en que viven las personas
de la diversidad sexual en las Antillas de habla inglés hay
fundamentos teológicos que deben ser replanteados y desafiados.
Al igual que la Reforma en el siglo XVI esta respuesta tiene mucho
que ver con la comprensión y la hermenéutica de la
Biblia, la teología, la identidad confesional, la naturaleza
y comprensión de nuestras propias comunidades de fe y la
practica pastoral.
El Evangelio de Juan nos puede servir de guía y de iluminación
en este caminar junto a las y los militantes en la crisis del vih
y del sida de América Latina. En este pasaje, Jesús
de Nazaret ya no está hablando con sus adversarios (fariseos,
escribas, sacerdotes, etc.) que tanto se han opuesto a su particular
forma de comprender y vivir las Escrituras, sino que ahora se dirige
a quienes han creído en él, pero que una vez más
demuestran en este diálogo, que esa fe no es de buena calidad.
Nuevamente aparece el tema hermenéutico, no es un problema
aquello que dicen las Escrituras sino que el problema está
en la forma en que leemos y comprendemos el mensaje de Dios.
Muchas veces cuando se nos pregunta sobre nuestra fe comenzamos
a desplegar una serie de conocimientos y afirmaciones intelectuales
y abstractas, a citar de memoria incontables textos bíblicos
y a realizar la ecuación de que, cuanto más texto
conocemos y citamos, más es nuestra fe. Grave error. La Palabra
de Dios no es un libro ni un texto ni un versículo. La Palabra
de Dios es una persona y ser fiel a esa Palabra es una relación
con esa persona y su estilo de vida. Permanecer en esa Palabra significa
una acción de plena aceptación de aquello que esta
persona ha hecho en sus mesas de escandalosa comunión. Permanecer
en la Palabra de Dios es permanecer en ese Jesús de Nazaret,
de tal forma que ya no vivimos nosotros y nosotras sino que sacramentalmente
el vive en quienes son sus discípulos transformados portadores
de una palabra de promesa, de una buena noticia.
Esa persona y su estilo de vida y comunión es la verdad que
nos puede liberar. La Reforma Luterana tiene muy clara su forma
de comprender esa Palabra hecha persona. Es una comprensión
que en todo momento quiere proteger esa Palabra para que continúe
siendo siempre y en todo lugar una promesa y no caer en la tentación
de la transformemos en ley. Lutero afirmaba ya en el siglo XVI:
“Lo principal y fundamental en el evangelio, antes de tomar a Cristo
por dechado, es recibirlo, reconociéndolo como un don y obsequio
que te ha sido dado por Dios y que te pertenece. Así pues,
cuando ves o escuchas que él hace o sufre algo, no debes
dudar de que él mismo, Cristo, con esa obra y padecimiento
es tuyo”[1] El Evangelio siempre es buena nueva, regalo incondicional
y no puede ni debe ser transformado en un código de exigencias
rituales o legales. Es el misterio mismo de nuestra nueva vida en
la fe que permanece en él y se hace instrumento de comunión
en un amor que brota incondicional de la gracia de Dios y que busca
la justicia para la inclusión para todos los seres humanos,
y para todas las personas y grupos que viven en situación
de vulnerabilidad al vih y al sida.
Pero estos creyentes muestran a través de sus equivocadas
preguntas y en su reacción que siguen comprendiendo las Escrituras
y el proyecto de Dios en una forma diferente a la de Jesús
de Nazaret Igual revelación tenemos en muchas discusiones
que se realizan en nuestras iglesias, en otras iglesias y en la
sociedad civil en general Al igual que en aquel tiempo estos discípulos
consideraban que la pertenencia al proyecto de Dios se daba a través
de la herencia sanguínea y del ADN de Abraham, hoy también
muchas personas consideran que la salvación viene por proclamarse
parte de la mayoría con orientación heterosexual,
o de los que se abstienen del consumo de drogas ilegales, y de otros
variados sentimientos de superioridad. Desde ese sentimiento se
desconoce y pone en duda la capacidad, la dignidad y la pertenencia
de muchas personas a un trato igualitario, sin la necesidad de ser
iguales a la mayoría para tener los mismos derechos con el
mismo nombre. Este sentimiento está en el fondo de toda discriminación.
Igual actitud asumen muchas personas y comunidades de fe con relación
a otros grupos y personas de la diversidad sexual o en situación
de vulnerabilidad al vih y al sida. El mismo desprecio hacia las
personas usuarias de drogas ilegales, a las y los trabajadores sexuales,
a la diversidad de las personas trans en todo su arcoiris. Esa perspectiva
de exclusión y superioridad sobre la diversidad y las minorías
es un pecado que no nos libera para liberar a los demás sino
que nos esclaviza a una comprensión excluyente practicada
por nuestras mismas comunidades de fe y por la sociedad en la cual
vivimos.
La Reforma protestante rescató un principio central en la
comprensión de las Escrituras y de la identidad confesional:
Solo Cristo. Todas nuestras relaciones en la Igualdad, con la Diversidad
y por la No Discriminación pasan por esa afirmación
de solo Cristo es el que importa. Esa es la única condición
y la única puerta y camino que revela la voluntad de Dios.
Solo la mediación de Cristo. Solo en Cristo podemos vivir
la Igualdad. Solo en Cristo y a través suyo podemos ser respetuosos
de la Diversidad. Solo colocando las comuniones de Jesús
de Nazaret, el Cristo del Dios del reino en el centro puedo construir
una comunidad que no discrimina porque nadie queda excluido de su
invitación a la fiesta de la vida. “Así como no hay
más que un solo Cristo, así tampoco no hay ni puede
haber más que un solo evangelio”[2]
Para proteger y complementar la centralidad de Cristo, se incorpora
la afirmación: Solo la Escritura, es decir que para relacionarnos
con Dios y ser parte de su comunidad solo tenemos que ponernos de
acuerdo en la forma en que somos fieles a la lectura que hace Jesús
de Nazaret de las Escrituras y las tradiciones. Solo la Escritura
que siempre nos habla de Cristo, tiene como objetivo impedir que
coloquemos condiciones y requisitos para ser parte de esta comunidad.
Nuestras actuales discusiones con relación a la plena participación
de los diversos grupos y personas que viven en situación
de vulnerabilidad al vih han puesto de manifiesto las borrosas obediencias
a estas verdades centrales de la Reforma.
La abstinencia, la fidelidad o la monogamia no son dogmas de fe
ni son caminos de salvación ni son requisitos para ser miembros
plenos de nuestras comunidades. Pueden ser consecuencias pero nunca
requisitos porque si lo fueran entonces estamos descalificando la
acción de Jesús de Nazaret y nos empoderar por otros
caminos independientes de él. Muchos cristianos y cristianas
equivocan el camino cuando hacen de esas propuestas, que en si mismas
no son malas, pero que al transformarlas en leyes establecemos nuevos
muros de cautividad del Evangelio, de la Iglesia y de Cristo mismo.
“No debes hacer de Cristo un Moisés, pensando que no hace
otra cosa que impartir enseñanza y ejemplo, cosa que hacen
los demás santos, como si el evangelio fuese un código
de doctrina y de leyes”[3]
No es la heterosexualidad, ni la abstinencia, ni la monogamia la
que nos salva y reconcilia con Dios sino que es la mediación
exclusiva y excluyente de Cristo, tal como Jesús de Nazaret
la interpreta en la sola Escritura y como propuesta de la Sola Gracia
gratuita e incondicional de Dios. ¡Que poder renovador y de
reconciliación anunciar esta Sola Gracia de Dios como fundamento
de toda Igualdad, de todo respeto y todo reconocimiento de la Diversidad
y de un promover derechos para que nadie sea discriminado. Igualdad,
diversidad y no discriminación es un tema bíblico,
teológico y pastoral. En esas palabras se debate la naturaleza
de nuestra fe y la calidad de nuestra vida como comunidad de fe
y nuestra acción de promoción de todos los derechos
y de todas las dignidades. “¿Cómo no nos habría
de dar también con su hijo todas las cosas? Mira, si tú
tomas a Cristo como un don entregado a ti en propiedad y no lo dudas,
entonces eres cristiano y cristiana. La fe te redime de pecados,
muerte e infierno y te hace vencedor de todas las cosas. ¡Ah!
De ello nadie puede hablar lo suficiente. Es de lamentar que esta
prédica esté encubierta en el mundo, por más
que el evangelio se alabe todos los días”[4] Esta verdad
no solo está encubierta en el mundo sino también en
la misma iglesia y por ello, aquellos y aquellas que venimos caminando
en los senderos del vih y del sida sabemos muy bien que nuestro
objetivo es reformar hoy también la misma iglesia.
El medio del encuentro con la sociedad civil, del sistema de Naciones
Unidas, o con los funcionarios de gobiernos y con las redes de personas
que viven con vih y con sida tenemos que anunciar y vivir esta centralidad
de Cristo solo, de las Escrituras solamente leídas por Cristo
y de la sola Gracia y de la Sola Fe como único requisito
y condición para ser cristiano o cristiana. Todo es un regalo
inmerecido de Dios y debemos confiar, creer y apropiarnos de ese
regalo revelado en forma paradójica en la Cruz que es consecuencia
de esta forma de comprender las Escrituras y vivir las comuniones
que han llevado a Jesús de Nazaret y que seguramente nos
han de llevar a quienes queremos ser sus discípulos a un
conflicto con quienes continúan proclamando que su salvación
viene por su heterosexualidad, por sus abstinencias diversas o por
su superioridad moral. La monogamia, la fidelidad, la abstinencia
diversa finalmente reemplazan a la persona y acción de Jesús
de Nazaret, a quien confesamos como el Cristo del Dios del Reino.
Solo Cristo, Sola Gracia, Sola Fe son las condiciones para vivir
en plenitud la Igualdad porque todos y todas recibimos exactamente
los mismo, la Palabra y la Verdad como un regalo, como un don. No
podemos establecer requisitos para recibir esa Palabra de Vida y
Verdad, Solo Cristo, la Sola Gracia de un regalo inmerecido, la
Sola Fe que nos hace iguales en la diversidad para la no discriminación.
Solo Cristo, la Sola Gracia y la Sola fe del único evangelio
nos hacen libres para vivir en igualdad, diversidad en una sociedad
y una iglesia de incondicional inclusión.
Para la oración de las y los fieles.
Oremos en paz al Señor por la vida de este mundo, por las
intenciones de todos los fieles y por todas aquellas personas excluidas
y estigmatizadas a través de un incorrecto uso de las Escrituras
y del proyecto del Reino de Dios
(Se hace un breve silencio)
Elevamos nuestras mentes, corazones y voces para dar gracias por
la iglesia de Cristo y por todas y todos aquellos que trabajan en
su misión para hacer realidad la voluntad de Dios. Por ello
cantamos con gozo nuestro agradecimiento por todas y todos aquellos
hermanos que se han arriesgado a proponer la reforma de la iglesia,
en diversos lugares y en diferentes momentos. En ese espíritu
concédenos la fortaleza de reconocer que nuestras comunidades
tienen necesidad de una permanente reforma para retornar cada día
a la pureza del proyecto que vivió y enseñó
Jesús de Nazaret. Bendigamos al Señor: Demos gracias
a Dios.
La creación toda espera la paradójica manifestación
de los hijos e hijas de Dios, para que nuestra tierra se transforme
un espacio en que se manifieste la inmensa gracia de Dios, y reconocer
el valor sagrado de toda vida y de todas las dignidades. Bendigamos
al Señor. Demos gracias a Dios.
Delante de ti hacemos memoria de la vida y los nombres de la inmensa
muchedumbre de hombres y mujeres que soñaron con una iglesia
sin manchas y sin arrugas, sin muros y sin fronteras, en cuyo centro
el Cordero de Dios anuncia perdón y paz. Nos alegramos por
este movimiento transversal que nos lleva a la comunión entre
todos aquellos y aquellas que continuamos soñando el sueño
de Jesús de Nazaret. Bendigamos al Señor: Demos gracias
a Dios.
También presentamos la vida y acciones de todos aquellos
hombres y mujeres, que a riesgo de sus vidas, de su libertad y de
su tranquilidad, se hicieron servidores de tu Verdad, de tu Palabra
y de tu Proyecto del Reino. Por ello, nos unimos a todos ellos en
la construcción de una sociedad en la que se cumpla tu voluntad
tanto en la tierra como en el cielo. Bendigamos al Señor:
Demos gracias a Dios.
Con profundo reconocimiento y agradecimiento por sus testimonios,
sus vidas y sus propuestas, recordamos a quienes en fe y obediencia
de discípulos y discípulas de Jesús de Nazaret
han partido a tu encuentro antes que nosotros (especialmente por…)
y te pedimos que un día podamos formar parte de la comunión
y de la fiesta que no tendrá fin y que cantará el
himno eterno de tu gloria alrededor de la mesa de la inclusividad
eterna. Bendigamos al Señor: Demos gracias a Dios.
Entre tus manos, Dios de toda justicia y amor, ofrecemos estas plegarias
confiando en tu amor, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro hermano y
compañero.
Amén.
Oración del Día
Trinidad de la diversidad, derrama todos y cada uno de tus dones
sobre tu pueblo fiel. Mantenlo firme en tu palabra, protégelo
y consuélalo en todas las pruebas, defiéndelo de los
silencios cómplices, de la tentación de estigmatizar
y excluir y concede a la iglesia tu paz salvadora para que sea instrumento
incondicional de esa paz; por tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor,
que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, un solo
Dios, ahora y siempre.
Dios, que nos has creado a todos y todas a tu imagen y semejanza,
concédenos la sabiduría de abrirnos a tu Presencia
paradójica.
Que el espejo de tu Ley nos permita mirarnos con realismo
y reconocer que todas y todos necesitamos el perdón
que nos anuncia tu Evangelio.
Que la escucha atenta de tus promesas
nos ayuden a vivir en comunión y comunidad
con todas las personas y grupos
en situación de vulnerabilidad al vih y al sida
y a arrojar fuera todo estigma y prejuicio.
Que la invitación a vivir en tu compañía
signifique vivir en compañía y comunión con
todas y todos
los que reflejan tu imagen y semejanza de cruz.
Que nuestra confesión bautismal
nos permita ser parte de la comunión de tus santos y santas,
que siendo pecadores en la perspectiva de tu Ley,
somos consagrados y consagradas en la fe a reflejar tu santidad.
Escucha nuestra oración para que nuestra consagración
sea la consagración en tu amor incondicional
de toda la raza humana, sin exclusiones ni olvidados.
Pastor Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH-SIDA
Buenos Aires. Argentina
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